Mateo era un niño muy curioso de 3 años. le encantaba explorar cada rincón de su hogar. Un día vio algo brillante encima de la mesa de la cocina. ¡un frasco de colores que parecía dulces!.
Mateo subió a una silla para alcanzarlo. La silla tambaleo. ¡Mio!, grito. Pero su mama justo a tiempo y lo bajo con cuidado. ¡Mateo, esos no son duces, son pastillas para el abuelo. Si las tomas te puedes enfermar mucho!, le explico. “y las sillas no son para escalar , son para sentarse, si te caes te puedes lastimar.
Mateo a pesar de su corta edad entendió, desde es día antes de tocar algo nuevo grita a su madre para saber si lo puede coger, su madre le enseña para prevenir accidentes en su hogar.