Importancia de adquirir buenos hábitos durante la infancia

Durante los primeros años de vida, los niños se enfrentan a un mundo que desconocen y en el que el adulto se vuelve su guía para transitar por él. Si lo vemos desde la posición del adulto, podría compararse con la sensación de mudarse a una ciudad de la que se desconoce sus tradiciones, idioma y reglas básicas de convivencia. Entonces, desde esta perspectiva, el adulto se convierte en el “guía” que lleva al niño a reconocer su entorno y como desenvolverse en él; por lo que, la generación de hábitos dentro de su cotidianidad, le permitirán apropiarse de distintos comportamientos que le serán de gran valor durante toda su vida.

La infancia, es la etapa en la que los niños muestran mayor curiosidad por el mundo que los rodea y a través de su exploración e investigación, logran construir aprendizajes y relacionarse con los demás; por ello, desde edades tempranas es esencial promover la adquisición de hábitos que los motiven a ser responsables e independientes en cada una de las actividades cotidianas. Estas, cumplen un rol fundamental ya que hacen parte de las experiencias cotidianas en donde dinámicas, hábitos y horarios ayudan a los niños a estructurar su pensamiento, organizar su mente y prever situaciones diarias. Estos momentos cotidianos cobran valor, porque aun cuando se presentan diariamente, tienen diferentes significados.

Desde su más corta edad, los niños están constantemente aprendiendo que en su diario vivir hay momentos en los que sacian sus necesidades, se interrelacionan con las personas, duermen, descansan, etc. Los niños comprenden esto cuando dichas actividades se vuelven parte de su día a día y se apropian de ellas de forma más significativa, lo que conlleva a que continúen su práctica aún en la juventud y adultez.

Los hábitos además, permiten que los niños se sientan partícipes de cada uno de los momentos del día, pues se convierte en una excelente oportunidad para imitar a sus padres o adultos más cercanos en acciones que son repetitivas como lavarse las manos, cepillarse los dientes o ayudar en quehaceres de la casa.

Cuando los niños no perciben que son capaces, que son necesarios y que pertenecen a una familia, comunidad, escuela o grupo, utilizan toda su inteligencia y fuerza hacia la manipulación, la rebeldía y la anulación. En cambio, cuando el niño reconoce lo que debe hacer en cada momento, se siente más seguro y tranquilo frente a cómo enfrentarse a diferentes situaciones.

Por ello, el construir hábitos anima a los adultos a entender que su función en la educación de los niños es acompañarlos a desarrollarse por medio del mejor ejemplo, con el fin único de que sean seres responsables, capaces de reconocer y aceptar las consecuencias de hechos realizados libremente.

De acuerdo a lo anterior, algunos hábitos radican en las acciones cotidianas que se suelen tener en casa y que se asumen como parte fundamental en el desarrollo del niño, como hábitos de higiene (cepillarse los dientes después de cada comida, lavarse las manos después de jugar o entrar al baño, etc.); hábitos saludables (Hacer ejercicio, comer frutas y verduras, evitar productos azucarados e ir a la cama temprano) y hábitos que promueven la independencia y responsabilidad (Recoger los juguetes, limpiar lo que se derrama o llevar el plato a la cocina).

Los hábitos se convierten en herramientas valiosas en el desarrollo integral de los niños y por esto, la adquisición de estos buenos hábitos desde la primera infancia es de suma importancia para encaminar una mejor calidad de vida del niño, en su vida adulta.

 

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