El espacio debe ser seguro, amplio, organizado, flexible y estimulante, permitiendo que los niños y las niñas desarrollen su autonomía, creatividad, imaginación y capacidad para jugar con otros.
Organizar diferentes zonas o rincones: construcción, juego simbólico, lectura, arte, exploración y movimiento.
Ubicar los materiales al alcance de los niños, facilitando que puedan elegir, utilizar y guardar lo que necesitan.
Ofrecer materiales abiertos y diversos, como cajas, telas, bloques, tubos de cartón, recipientes, elementos naturales y materiales reciclables.
Disponer de un espacio amplio para correr, saltar, bailar, trepar y realizar juegos colectivos.
Crear escenarios que permitan representar situaciones de la vida cotidiana, favoreciendo el juego simbólico y la imaginación.
Incorporar materiales que permitan construir, transformar, experimentar y crear de diferentes maneras.
Promover espacios para juegos individuales y colectivos, respetando las preferencias y necesidades de cada niño.
Garantizar un ambiente limpio, ventilado, iluminado y libre de riesgos.
Permitir que los niños participen en la organización y transformación del espacio, fortaleciendo su autonomía y sentido de pertenencia.
El adulto debe acompañar, observar, escuchar y enriquecer las experiencias, sin imponer permanentemente cómo deben jugar.
El espacio debe ser seguro, amplio, organizado, flexible y estimulante, permitiendo que los niños y las niñas desarrollen su autonomía, creatividad, imaginación y capacidad para jugar con otros.
Organizar diferentes zonas o rincones: construcción, juego simbólico, lectura, arte, exploración y movimiento.
Ubicar los materiales al alcance de los niños, facilitando que puedan elegir, utilizar y guardar lo que necesitan.
Ofrecer materiales abiertos y diversos, como cajas, telas, bloques, tubos de cartón, recipientes, elementos naturales y materiales reciclables.
Disponer de un espacio amplio para correr, saltar, bailar, trepar y realizar juegos colectivos.
Crear escenarios que permitan representar situaciones de la vida cotidiana, favoreciendo el juego simbólico y la imaginación.
Incorporar materiales que permitan construir, transformar, experimentar y crear de diferentes maneras.
Promover espacios para juegos individuales y colectivos, respetando las preferencias y necesidades de cada niño.
Garantizar un ambiente limpio, ventilado, iluminado y libre de riesgos.
Permitir que los niños participen en la organización y transformación del espacio, fortaleciendo su autonomía y sentido de pertenencia.
El adulto debe acompañar, observar, escuchar y enriquecer las experiencias, sin imponer permanentemente cómo deben jugar.