Mateo, un niño de cinco años, quería ayudar a su abuela a preparar el almuerzo. Antes de empezar, la abuela le pidió que se lavara bien las manos y limpió la mesa donde iban a trabajar. También revisó que los alimentos estuvieran frescos. Mientras cocinaban, la abuela le enseñó a Mateo a lavar las frutas y verduras, a no tocar alimentos crudos y cocidos al mismo tiempo, y a usar utensilios limpios. Cuando terminaron, guardaron la comida que sobró en recipientes cerrados dentro del refrigerador.
Al sentarse a comer, la abuela le recordó la importancia de comer alimentos bien cocidos y en buen estado. Con esto, Mateo entendió que, siguiendo estos cuidados, podían evitar enfermarse y disfrutar de una comida segura.